En la práctica, el rendimiento neto se calcula sumando lo que has facturado sin IVA y restando los gastos deducibles de la actividad: cuota de autónomos, alquiler del local, suministros afectos, material, asesoría o amortizaciones. Para el IRPF se mira trimestre a trimestre en los pagos fraccionados y se cierra en la declaración de la renta. Para la cotización al RETA, la Seguridad Social parte de esa misma cifra, le suma la propia cuota y le aplica una deducción por gastos genéricos que fija la norma.
El error típico es confundir rendimiento neto con facturación. Que factures mucho no significa que ganes mucho, y elegir tramo de cotización mirando solo los ingresos suele llevar a pagar de más. El fallo contrario también es frecuente: incluir como gasto algo sin factura completa o sin relación con la actividad. Ese gasto puede caer en una comprobación y el rendimiento sube de golpe.
El rendimiento neto se relaciona con la estimación directa simplificada, la estimación objetiva y la cuota de autónomos. Sale del libro de ingresos y del libro de gastos y acaba en el pago fraccionado trimestral y en la renta anual. En kontora cada factura emitida y cada gasto se contabiliza en doble partida, así que el rendimiento neto acumulado se ve en cualquier momento del año.
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