En la práctica, la deducción encaja cuando sales de tu municipio habitual por trabajo: visitas a un cliente en otra ciudad, una feria del sector o un encargo fuera. La comida tiene que ser tuya; invitar a un cliente es otro tipo de gasto, de relaciones públicas, con sus propias reglas. Si además pernoctas, los límites diarios son distintos y más altos, y el alojamiento se justifica aparte con su factura.
Hacienda revisa este gasto con lupa: comidas en fin de semana, cerca de casa o pagadas en efectivo suelen rechazarse. Guarda la factura o el ticket y el justificante del pago electrónico de cada comida que deduzcas.
El error típico es deducir todas las comidas del mes en la misma cafetería de tu barrio, o pagarlas en efectivo. Otro fallo es superar el límite diario y deducir el total: lo que pase del tope no reduce tu rendimiento. Apunta a qué cliente o gestión corresponde cada comida.
Se relaciona con los gastos deducibles y con el rendimiento neto de tu actividad, y acaba en el libro registro de gastos, y de ahí en la renta. En el IVA, la deducción de la comida tiene sus propias restricciones. kontora registra cada factura de comida como gasto en contabilidad de doble partida.
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