La supresión vino con el Real Decreto 1065/2007, que unificó la identificación fiscal en el NIF para personas físicas y jurídicas. En formularios, bancos y facturas verás ambos nombres usados indistintamente; el dato es el mismo.
En la práctica, el NIF de tu SL se asigna al constituirla: primero de forma provisional y, cuando la sociedad queda inscrita en el Registro Mercantil, como definitivo. Es el que debe figurar en tus facturas, en las declaraciones que presentas a Hacienda y en los contratos con bancos y proveedores. El autónomo no tiene CIF: su identificación fiscal es su propio NIF personal, el del DNI o, si es extranjero, el NIE.
Error típico: un cliente te pide «el CIF» y, si eres autónomo, crees que tienes que solicitar un número nuevo. No hace falta: das tu NIF. Otro error frecuente es escribir mal la letra o el carácter de control en una factura, lo que puede dar problemas a tu cliente a la hora de deducirse el IVA.
Se relaciona con el NIF, la declaración censal de alta y el NIF-IVA para operaciones intracomunitarias. En kontora el NIF de cada cliente y proveedor se guarda en su ficha, y la facturación Verifactu lo incluye en cada factura.
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