Qué te exige la ley según tu figura
La primera sorpresa es agradable: la ley no le pide lo mismo a todo el mundo, y a la figura más común le pide bastante poco.
Si eres autónomo en estimación directa simplificada, el régimen habitual de quien empieza, no estás obligado a llevar contabilidad de doble partida. Tus obligaciones son libros registro: el de ventas e ingresos (tus facturas emitidas), el de compras y gastos (tus facturas recibidas) y el de bienes de inversión (equipos y otros activos de larga duración). Y, como sujeto pasivo de IVA, los libros registro de IVA: facturas expedidas y facturas recibidas. Suena solemne, pero un libro registro es en esencia una lista ordenada y numerada de facturas con sus fechas, bases, tipos y cuotas.
Si tienes una SL, el nivel sube: contabilidad de doble partida conforme al Plan General de Contabilidad (PGC), con libro diario y libro de inventarios y cuentas anuales, legalización de los libros en el Registro Mercantil y aprobación y depósito de las cuentas anuales (balance, cuenta de pérdidas y ganancias y memoria). Además de los mismos libros de IVA.
La consecuencia práctica: un autónomo puede llevar sus libros con disciplina y una herramienta sencilla; una SL necesita un sistema que haga contabilidad de verdad, sea un software que la automatice o un profesional que la lleve.
La doble partida, explicada en cristiano
La contabilidad de doble partida es una idea con más de cinco siglos que sigue viva por una razón: funciona. La regla es una sola: cada movimiento se anota dos veces, porque todo dinero que se mueve sale de un sitio y llega a otro. Esas dos anotaciones se llaman debe y haber, y cada pareja forma un asiento contable. El libro diario no es más que la lista cronológica de todos los asientos del año.
Ejemplo con una factura de 1.000 € más 210 € de IVA (el 21 %): anotas que tu cliente te debe 1.210 € y, a la vez, que has generado 1.000 € de ingreso y que le debes 210 € de IVA a Hacienda. Cuando el cliente paga, otro asiento: entra dinero en el banco y el cliente deja de deberte.
De esa doble anotación sale la propiedad más útil del sistema: la suma del debe siempre tiene que ser igual a la suma del haber. Si no lo es, la contabilidad descuadra, y descuadrar no es una opinión: es la prueba matemática de que falta algo o de que algo se anotó mal. Por eso una contabilidad de doble partida bien llevada se vigila sola, y por eso los bancos y Hacienda se fían más de unas cuentas que cuadran que de una hoja de cálculo con una sola columna.
El hábito mensual que evita el pánico trimestral
El pánico trimestral no lo causa el modelo: lo causa reconstruir tres meses de papeles en una tarde. El antídoto es un hábito mensual de tres gestos, media hora bien empleada:
- Guarda cada factura en el momento. Las emitidas y las recibidas, en cuanto existen. Un PDF en su carpeta (o subido a tu herramienta) el mismo día vale por horas de arqueología en octubre. Si todavía no has emitido ninguna, empieza con buen pie con la guía de tu primera factura.
- Registra los gastos al momento. Pide factura, hazle foto o guarda el PDF y anótalo ese mismo día, con su fecha, base e IVA. Un gasto registrado el día que ocurre nunca se pierde; uno «que ya apuntaré» desaparece con una facilidad asombrosa.
- Concilia el banco una vez al mes. Conciliar significa repasar el extracto y comprobar que cada movimiento tiene su documento: cada cobro, una factura emitida; cada pago, una factura o un justificante. Lo que no cuadre se resuelve ahora, que todavía te acuerdas de qué fue.
Con este hábito, el trimestre se convierte en un trámite: los datos ya están completos y ordenados, y solo hay que volcarlos al modelo que toque. Sin él, cada plazo es un examen sorpresa, y los exámenes sorpresa se suspenden.
Qué documentos guardar y cuánto tiempo
Regla de oro: se guarda todo lo que justifica un número de tus libros. En la práctica:
- Facturas emitidas y recibidas: siempre. Para deducir un gasto necesitas una factura con tus datos; un ticket sin tu NIF no sirve para deducir el IVA, porque la norma solo admite como justificante la factura que cumple los requisitos del Reglamento de facturación (RD 1619/2012). Pide factura completa, o factura simplificada que incluya tu NIF y tu domicilio y la cuota de IVA separada. Qué gastos puedes deducir y con qué requisitos lo detallamos en la guía de gastos deducibles.
- Extractos bancarios y justificantes de cobros y pagos.
- Contratos, nóminas si las hay y los propios modelos presentados, con sus justificantes de presentación.
¿Cuánto tiempo? A efectos fiscales, la regla general es el plazo de prescripción de 4 años del artículo 66 de la Ley General Tributaria. Si operas como SL, el Código de Comercio (artículo 30) obliga además a conservar libros y justificantes durante 6 años. La regla práctica que no falla: guárdalo todo 6 años.
El formato digital vale: un PDF recibido es un original electrónico y conservarlo así es conforme, siempre que sea legible y esté localizable. Si una factura te llega en papel, lo más prudente es conservar también el papel además del escaneo.
Los cinco errores típicos del primer año
Cinco tropiezos se repiten en casi todos los primeros años, y los cinco se evitan gratis:
- Mezclar la cuenta personal con la del negocio. Es el error número uno. Cada compra personal en la cuenta del negocio es un movimiento que tendrás que explicar, y cada gasto del negocio pagado con la tarjeta personal es un gasto que probablemente olvides deducir. Una cuenta separada lo arregla de raíz.
- Dejarlo todo para el final del trimestre. La calidad de los datos cae en picado cuando se reconstruyen tres meses de memoria. Y si el atasco acaba en retraso, entra el recargo por presentar fuera de plazo: un 1 % fijo más un 1 % por cada mes completo. Qué hacer en ese caso lo contamos en la guía de plazos pasados.
- Deducir con tickets. Sin factura con tus datos no hay deducción de IVA que resista una comprobación.
- Olvidar facturas emitidas. Las facturas se numeran de forma correlativa por series; si entre la 6 y la 8 falta la número 7, el hueco se ve. Registra cada factura en cuanto la emites.
- No guardar los extractos bancarios. Son la columna vertebral de la conciliación y lo primero que se pide en una comprobación. Descárgalos cada mes; los bancos no los mantienen accesibles para siempre.
¿Software, gestor o los dos?
No hay una respuesta única, pero sí un criterio claro.
El software basta cuando tu actividad es sencilla: servicios, un puñado de facturas al mes, sin empleados y sin operaciones exóticas. La herramienta te guía, los libros salen solos de lo que registras y tú conservas el control y el conocimiento de tu negocio. La normativa además empuja en esa dirección: con Verifactu, los programas de facturación deberán generar registros verificables, con fecha de aplicación el 1 de enero de 2027 para las SL y el 1 de julio de 2027 para los autónomos.
Necesitas gestor cuando entran nóminas, operaciones internacionales complejas, varias actividades a la vez o, simplemente, cuando no quieres dedicarle ni una hora. Un buen profesional cuesta menos que un error grande.
La vía mixta es la que mejor funciona para la mayoría: tú registras el día a día en el software (facturas, gastos, banco) y un profesional revisa el cierre, los casos raros y las decisiones con letra pequeña. Pagas por criterio, no por teclear.
Es la filosofía con la que está construida kontora: la contabilidad de doble partida sucede sola por debajo mientras tú solo facturas y subes gastos; cada operación genera su asiento, de ahí salen los libros y los borradores de tus modelos de IVA, retenciones e informativas casilla a casilla, y la aplicación te avisa antes de cada plazo y vigila el BOE por ti. Presentar sigue siendo cosa tuya, con el trabajo ya hecho.
Preguntas frecuentes
¿Un autónomo está obligado a llevar contabilidad de doble partida?
¿Puedo deducir un gasto con un ticket?
¿Cuánto tiempo tengo que guardar las facturas y los libros?
¿Qué significa que la contabilidad descuadre?
¿Qué pasa si presento un modelo fuera de plazo?
¿Necesito una cuenta bancaria separada para el negocio?
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