Autónomo y SL: qué es cada uno
Son dos formas jurídicas distintas de ejercer una actividad económica en España. En cuanto empiezas a facturar de forma habitual, tienes que estar en una de las dos.
- Autónomo: eres tú, persona física, quien factura y responde. Te das de alta en Hacienda y en la Seguridad Social y tributas por IRPF. No hay separación entre tu patrimonio y el del negocio.
- SL: creas una persona jurídica nueva, con su propio NIF, su capital y su contabilidad. La sociedad factura, la sociedad tributa por el Impuesto de Sociedades, y tú eres su socio y normalmente su administrador.
La diferencia de fondo: el autónomo y su negocio son la misma persona; la SL es una entidad separada de ti. Esa separación es la que explica casi todo lo demás, desde la responsabilidad frente a las deudas hasta los costes de mantenimiento y la forma de pagar impuestos. Ninguna de las dos es mejor en abstracto: son herramientas para situaciones distintas, y elegir bien desde el principio te ahorra trámites y dinero más adelante.
Responsabilidad, imagen y acceso a contratos
Aquí está la diferencia práctica que más pesa:
- Responsabilidad patrimonial: como autónomo respondes de las deudas del negocio con todo tu patrimonio presente y futuro, incluida en principio tu vivienda (existe la figura del autónomo de responsabilidad limitada para proteger la vivienda habitual bajo ciertos requisitos, pero su alcance es estrecho). En una SL, la responsabilidad se limita en principio al capital aportado: si el negocio quiebra, no arrastra tu patrimonio personal, salvo garantías que hayas firmado tú o casos de mala gestión.
- Imagen ante clientes: para muchos clientes grandes y para la Administración, una SL transmite más solidez y continuidad que un autónomo. En sectores B2B puede abrirte puertas.
- Acceso a ciertas licitaciones y contratos: algunos concursos públicos y grandes contratos privados exigen o prefieren una persona jurídica, con solvencia acreditada y cuentas depositadas. Un autónomo puede quedar fuera de esos procesos por forma, no por capacidad.
Si tu actividad tiene poco riesgo de generar deudas o reclamaciones (servicios profesionales con apenas inversión), la responsabilidad ilimitada del autónomo pesa poco. Si manejas stock, personal o contratos que pueden torcerse, la protección de la SL empieza a valer.
Cómo tributa cada figura: IRPF frente a Impuesto de Sociedades
Es la comparación que todo el mundo quiere y la que más se malinterpreta.
- El autónomo paga IRPF, un impuesto progresivo: cuanto más ganas, mayor es el tipo que se aplica al último tramo de tu renta. La escala combina un tramo estatal y otro autonómico (varía según tu comunidad autónoma; País Vasco y Navarra tienen normativa propia) y, a efectos de referencia, va desde alrededor del 19% en la base más baja hasta el 47% en las rentas más altas. Tienes un mínimo personal exento (5.550 euros) y, en estimación directa simplificada, una deducción del 5% por gastos de difícil justificación con un tope de 2.000 euros al año.
- La SL paga el Impuesto de Sociedades, con un tipo general del 25%. Una SL pequeña de nueva creación que cumpla los requisitos tributa al 15% en el primer ejercicio con beneficio y en el siguiente; después, como microempresa (facturación inferior a un millón de euros), aplica en 2026 un 19% hasta 50.000 euros de base y un 21% sobre el resto.
La lectura honesta: con beneficios bajos, el IRPF del autónomo suele salir muy por debajo del 25%; con beneficios altos y estables, el tipo de la SL se vuelve más atractivo. La Agencia Tributaria detalla el cálculo del rendimiento neto del autónomo.
La SL de 1 euro de la Ley Crea y Crece: la letra pequeña
Desde la Ley 18/2022, de creación y crecimiento de empresas (conocida como Crea y Crece), el capital mínimo para constituir una SL bajó de 3.000 euros a 1 euro. Suena a barra libre, pero la ley añadió dos cautelas mientras el capital sea inferior a 3.000 euros, y conviene conocerlas (están en el artículo 4 de la Ley de Sociedades de Capital):
- Reserva legal reforzada: debes destinar a la reserva legal al menos el 20% del beneficio de cada ejercicio, hasta que esa reserva más el capital alcancen los 3.000 euros. Es decir, no puedes repartirte todo el beneficio: una parte se queda dentro de la sociedad.
- Responsabilidad diferencial hasta 3.000 euros: si la sociedad se liquida y su patrimonio no basta para pagar las deudas, los socios responden solidariamente de la diferencia entre 3.000 euros y el capital que suscribieron.
La consecuencia práctica: el 1 euro es más simbólico que real. La protección de los 3.000 euros no desaparece, se aplaza. Constituir con un capital tan bajo también puede dar una imagen frágil ante bancos y proveedores, que a veces piden garantías extra. Por eso muchos asesores siguen recomendando aportar un capital razonable desde el principio.
El autónomo societario: quien dirige la SL cotiza al RETA
Un malentendido caro: crear una SL no te libra de ser autónomo. Si controlas la sociedad y trabajas en ella (el caso típico del socio único que además la administra), la Seguridad Social te obliga a darte de alta como autónomo societario en el RETA, el régimen especial de trabajadores autónomos. Pagas tu cuota mensual al margen de lo que pague la SL por el Impuesto de Sociedades.
- La tarifa plana de nuevos autónomos, pensada para quien empieza por cuenta propia, no se ha venido aplicando con normalidad a los autónomos societarios: al montar tu SL, cuenta con pagar la cuota completa desde el primer mes, no la reducida.
- La base de cotización se calcula con reglas algo menos favorables que las del autónomo ordinario (una deducción genérica de gastos menor), así que suele partir de una base más alta.
Traducción: a los costes de la SL se suma tu cuota de autónomo societario, que no es pequeña. Si quieres una estimación de lo que pagarías al mes, usa nuestra calculadora de cuota de autónomos 2026, teniendo en cuenta que, como societario, no podrás contar con la tarifa plana.
Cuánto cuesta crear y mantener cada figura
Más allá de los impuestos, cada figura tiene su factura de estructura.
- Autónomo: darte de alta es gratuito y se hace con el modelo 036 ante Hacienda, más el alta en el RETA. La contabilidad es sencilla (libros de ingresos, gastos y bienes de inversión), presentas tus autoliquidaciones periódicas y, para adelantar el IRPF, el modelo 130 trimestral. Puedes llevarlo tú o con un asesor, pero el coste fijo es bajo.
- SL: constituirla exige escritura ante notario e inscripción en el Registro Mercantil (la vía telemática de Crea y Crece la abarata y agiliza con estatutos tipo). Después toca contabilidad mercantil por doble partida, legalización de libros, formulación y depósito de cuentas anuales en el Registro, y el Impuesto de Sociedades de su primer año con sus pagos fraccionados (modelos 200 y 202). Casi nadie lleva una SL sin asesoría, así que el coste recurrente es notablemente mayor.
kontora genera los borradores casilla a casilla de esos modelos (303 y 390 de IVA, 111 y 115 de retenciones, 200 y 202 del Impuesto de Sociedades), lleva la contabilidad de doble partida, es multiempresa y te avisa de cada plazo; la presentación final en la sede de la AEAT la haces siempre tú.
El mito de con una SL pago menos y cuándo compensa de verdad
La frase hazte una SL y pagarás menos impuestos es media verdad. Depende de tres cosas: cuánto beneficio generas, qué sueldo te asignas como administrador y cuánto te cuesta mantener la estructura.
Hay además una doble capa que se suele olvidar: la SL paga el 25% (o el tipo reducido) por su beneficio, y cuando te repartes ese beneficio como dividendo vuelves a tributar por él en tu IRPF del ahorro. Sumando el Impuesto de Sociedades, tu cuota de autónomo societario y los costes de asesoría, cuentas anuales y notaría, para un beneficio modesto la SL rara vez gana al autónomo.
La SL empieza a compensar cuando: los beneficios son altos y estables y puedes dejar parte dentro de la sociedad para reinvertir; tu actividad tiene riesgo real y quieres blindar tu patrimonio; entran socios o inversores; o necesitas la imagen de una persona jurídica para vender.
Para la mayoría de quien empieza a facturar en España, la recomendación honesta es arrancar como autónomo y constituir la SL cuando los números lo pidan. Y sí, se puede cambiar después: puedes traspasar tu actividad a una SL, pero no es gratis ni automático (valoración del negocio, escritura, posibles impuestos por la transmisión y renegociar contratos y datos fiscales con tus clientes). Cambiar a tiempo es fácil; cambiar tarde y a la fuerza, menos.
Preguntas frecuentes
¿Con una SL pago menos impuestos que como autónomo?
¿Cuánto capital necesito para crear una SL?
Si creo una SL, ¿dejo de pagar autónomos?
¿Responde mi patrimonio personal de las deudas del negocio?
¿Puedo empezar como autónomo y pasar a SL después?
¿Qué impuestos presenta cada figura?
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