En la práctica, si tu actividad está exenta emites facturas sin IVA, pero indicando en la factura el motivo de la exención (la norma que la ampara). Le pasa, por ejemplo, a un fisioterapeuta, a un centro de formación reglada o a quien alquila una vivienda.
El matiz caro: la mayoría de estas exenciones son «limitadas», es decir, no repercutes IVA pero tampoco puedes deducir el IVA soportado ligado a esa actividad, y si mezclas actividades exentas y no exentas entra en juego la regla de prorrata. Si te han contado que puedes facturar sin IVA por ganar poco, lee nuestra guía sobre el mito de los 85.000 euros.
El error típico es deducir el IVA del ordenador o del alquiler del local cuando toda tu actividad está exenta: ese IVA es un coste más y va al gasto en el IRPF. También es común dar por exenta una actividad parecida que no lo está, como ciertos cursos no reglados o servicios de bienestar.
Se relaciona con la regla de prorrata, con la operación no sujeta y con el resumen anual del IVA, donde las operaciones exentas se declaran. kontora te deja marcar la exención en cada factura Verifactu y la lleva a la contabilidad de doble partida.
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