Residencia fiscal

Eres residente fiscal en España si permaneces aquí más de 183 días durante el año natural o si tu centro de intereses económicos está en España; además, se presume, salvo prueba en contrario, que lo eres si tu cónyuge no separado legalmente y tus hijos menores residen en España. La consecuencia es tributar por tu renta mundial: en el IRPF declaras todos tus ingresos, estén donde estén.

Las ausencias esporádicas cuentan como días en España salvo que acredites residencia fiscal en otro país, y el estatus se aplica al año completo: no existe la residencia fiscal a medias. Si dos países te consideran residente a la vez, el conflicto se resuelve con el convenio de doble imposición correspondiente. Los tres criterios de la ley, con sus artículos, están en la guía ¿eres residente fiscal en España?.

En la práctica, la pregunta aparece el año en que llegas o te vas. Si llegas a mitad de año y superas los días que marca la ley, eres residente todo el ejercicio y declaras en el IRPF también lo que ganaste antes de venir. Si te vas, conviene pedir el certificado de residencia del nuevo país para demostrarlo.

El error típico es contar solo los días y olvidar el centro de intereses económicos: un autónomo que tiene aquí su negocio y sus clientes puede ser residente aunque viaje mucho. Otro fallo es creer que basta con estar empadronado en otro sitio.

La residencia decide si tributas por IRPF o por IRNR, y si debes presentar la declaración informativa de bienes en el extranjero. Se acredita con el certificado de residencia fiscal que emite la AEAT.

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